Reporte del Plantel
Sonoma Valley Sun
Dos jóvenes de 17 años, residentes de Boyes Hot Springs, se vieron involucrados el lunes 22 de octubre en lo que después fue definido por las autoridades como "intercambio de gestos enemigos," cerca del Club de Niños y Niñas en el Parque Maxwell. Juan Calderón, condujo con dos amigos, ambos de 19 años, según la policía, con una pistola calibre 16, y se escondió detrás de los arbustos. Agitado, disparó al otro joven, Luis Roberto Miranda, matándolo con tres rafagas en el torso y la cabeza, lo que ha causado preocupaciones por la seguridad pública en todo el Valle de Sonoma, algo que no se había experimentado en más de una década.
Había muchos testigos del asesinato, y Calderón y sus amigos, Juan Carlos Pérez, de 24 años, de American Canyon y Javier Ceja, de 19, residente de Sonoma, fueron arrestados unas horas después del incidente. Al finalizar su audiencia tribunal, el pasado viernes 2 de noviembre, los tres jóvenes acusados se encuentran actualmente detenidos sin derecho a fianza. Otra audiencia tribunal ha sido programada para el próximo jueves 15 de noviembre.
Unas horas después del homicidio una improvisada celebración conmemorativa dio inicio en el Parque Maxwell. Velas, flores, notas, y fotografías adornaban la mesa cercana al Club de Niños y Niñas, junto con una gorra blanca de béisbol de "Cal" y numerosas botellas vacías de 40 onzas de licor de malta. Es, según se informa, una tradición entre la comunidad del 'hip hop,' vaciar los contenidos de botellas de 40 onzas en la tierra y colocar las botellas vacías en el lugar que honra al camarada que ha caído.
Amigos de Miranda que se encontraban en la ceremonia estaban dispuestos a hablar sobre el chico y el incidente. Gustavo García de 19 años, residente de Sonoma, fue uno de ellos. Amigo de mucho tiempo dijo que Miranda no era "miembro de pandillas," aunque le gustaba usar ropa de color rojo y frecuentemente tenía disgustos con los otros (hablando de los sureños). La policía lo ha llamado matanza relacionada con pandillerismo. Calderón y sus amigos, dijo García, "son idiotas enaltecidos" marginados por su misma pandilla de sureños, quienes visten de azul. "El se inclinaba más hacia el respeto y el orgullo y no en las pandillas."
Varios servicios conmemorativos se han llevado a cabo en la comunidad desde la muerte de Miranda. Una misa fue realizada en la Iglesia Católica St. Francis Solano el viernes 26 de octubre, con los niños de la escuela abrazando a la madre de Miranda y saludando de mano a su padre. Otra misa en la Iglesia Católica St. Leo's en Agua Caliente fue conducida por el Padre Carlos Ortega. A la misa atendieron unos 300 jóvenes y adultos de toda la comunidad. Ortega hizo una súplica especial a todos los adolescentes que estaban presentes, diciendo en español, "¡Ni uno más! ¡Ni uno más!" El abordaba la preocupación sobre la intensificación a la que este homicidio podría dirigir a actos de venganza.
El lunes por la tarde una misa fue ofrecida en San Leo, atendida por más de 500 personas. Ortega de nueva cuenta mencionó la necesidad de paz. "El fue una víctima del odio que existe en el corazón del hombre," Ortega dijo. "Ustedes en nombre de Jesucristo deben terminar con la violencia para que la muerte de Miranda no sea en vano."
"No más víctimas, no más dolor," dijo Ortega. "Ustedes jóvenes deberían ser los constructores de la paz. Saquen de sus corazones cualquier tipo de venganza u odio. No más violencia. Que haya paz en la justicia de Dios."
Y el martes por la noche, amigos y otros se reunieron en grupos cerca del lugar de conmemoración en el Parque Maxwell. El sentimiento ahí era notorio, como si los jóvenes se habían arreglado con lo sucedido, y hubieran entendido la importancia de sus lecciones.
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