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8 de Noviembre del 2007
Casos Policiales

Jueves 11 de octubre
Joven pirómano

Un protestante contra la guerra de Irak quemó una bandera en una demostración en el 860 Grove St. al mediodía. Mientras la bandera ardía, las llamas alcanzaron un campo cercano. Los bomberos recibieron una llamada para extinguir las llamas. Subsecuentemente se contactó a la policía. Los oficiales se encontraron con un joven de 18 años cerca del carbonizado campo. Cuando hicieron una revisión en su persona, le encontraron un encendedor y una caja de cerillos similares a los que encontraron en el incendio. Fue citado por causar el incendio, lo cual es considerado como un delito menor.

Viernes 12 de octubre
Golpe bajo

Seis menores vestidos con atuendos rojos fueron abordados por un grupo de adolescentes vestidos de azul mientras dejaban su escuela en la calle Malet alrededor de las 2 p.m. Agresiones verbales fueron seguidas por un chico vestido de rojo que golpeó con su rodilla en la ingle a otro joven vestido de azul, causando que el joven cayera. Mientras caía al cemento, su atacante desgarró una cadena de oro de 14 K de su cuello. A pesar de las heridas causadas al joven de 16 años, no estuvo dispuesto a cooperar cuando fue interrogado por la policía ese mismo día por la tarde. Finalmente el joven firmó una forma de "terminación del caso," misma que prohibe a la policía que investigue el caso más a fondo.

Viernes 12 de octubre
Proyectil de Bellota

Un grupo de menores decidió pasar la tarde tirando bellotas a los carros que pasaban por la esquina de la Second St. East y Patten. Alrededor de las 3 p.m., una mujer conduciendo con dirección norte, en un Jaguar 1998 escuchó el sonido de un proyectil golpeando su auto. Ella vio a los cinco jóvenes, que después de un breve momento de aparente euforia, se dieron la vuelta y huyeron. Una persecución tomó lugar y la mujer finalmente acorraló a dos de los menores, y después llamó a la policía. Cuando la policía inspeccionó su carro encontraron una cuchillada de una pulgada en un lado. Los dos jóvenes de 14 años fueron citados por "tirar una sustancia a un carro en movimiento."

Editorial

Querer a Luis, querer a Juan Manuel

La perspectiva de una quincena quizas no es suficiente para interpretar la repercusión en el valle de Sonoma del asesinato de Luis Miranda. Claro, muchos se apresuraron a culpar a las pandillas, aun los amigos de Miranda insisten que no formaba parte de ninguna pandilla. Y se habla de que la reacción habría sido bien diferente si se tratara de, digamos, Mitchell y no Miranda, del este y no Boyes Springs o – sin pelos en la lengua – de anglo y no latino.
En nuestro parecer, este asesinato no se basa ni en la raza o calle, ni en el apellido — se trata de gente joven, de toda nuestra gente joven, y del dolor que sienten aquellos jóvenes a quienes nuestra comunidad se resiste a querer.
No conocimos personalmente a la víctima ni al supuesto agresor. No pretendemos menospreciarles a ellos ni a sus familias. No queremos racionalizar un acto horrible. Sino nos preocupa que – para mucho jóvenes – el mundo debe parecer tan pequeño, y el horizonte de tiempo tan corto.
La gente toma decisiones de una manera racional, basada en la información que tiene. Nuestra preocupación es que la gente joven no cree que pueda en realidad tener éxito en la vida. Si no logramos darles a los jóvenes la esperanza, seguirán tomando decisiones equivocadas.
Hace poco alguien comentó que los musulmanes jóvenes que siguen suicidándose con coches bombas viven el analfabetismo, la pobreza. Creen que no tienen futuro y así ¿por qué no morir como un mártir y así enriquecer a su familia? Es una respuesta racional a circunstancias que para la sensibilidad occidental son irracionales.
¿Le parecía racional a Juan Manuel Calderón, el supuesto asesino, matar? Claro que no corresponde a nuestra estructura de creencias, porque siempre creemos que el futuro es prometedor. ¿Creía igual Calderón? Lo dudamos.
Dudamos que su perspectiva incluyera lo que se dice el “sueño americano”: educación universitaria, un empleo decente, trabajo fuerte, el matrimonio, el hogar, los hijos. Y el primer elemento es esencial. Educarse para subir la escalera social y económica. Si fallamos al enseñar esto, no solo en la escuela sino en la iglesia y en comercio y en la comunidad, entonces fallamos a los jóvenes.
No sabemos, claro, lo que está en el corazón ajeno, pero para Calderón el futuro debería parecer tan negro que el encarcelamiento le parecerá poco peor. El ataque con disparos, según los reportes, fue premeditado, y no parece ser el acto de una mente criminal que no desea ser agarrado. Fue el acto final de un desesperado, delante de testigos. Nos preguntamos ¿hay otros jóvenes en Sonoma que actúan cerca del mismo nivel de desesperación, quienes ven un futuro tan negro?
Sabemos que los padres de Miranda amaban a su hijo. Imaginamos que igual los padres de Calderón. Pero ¿nosotros la comunidad apreciamos a estos jóvenes y a sus compañeros? ¿Les proporcionamos las oportunidades apropiadas de escuela, trabajo y diversión? ¿Buscamos la manera de animarles a seguir en la escuela, estudiar, aprender y crecer? Les servimos de modelos de sacrificarse, de ayudar a los demás? Les animamos a estos jóvenes a soñar con un mejor futuro?
Una vida desesperada, sin amor ajeno – en cambio, una vida llena de ira – aquella misma vida debe presentarse sin valor, y el horripilante aumento desde palabras enojadas hasta tiros mortales debería parecer, pues, racional. La repercusión entera sigue siendo sentido. Esperemos que sus lecciones, si las entendemos, no se perderán.

Medida E para Todos

Como nosotros y otros ya dijimos, la dificultades financieras de las escuelas públicas no se solucionan con esta medida, pero sí sirve para dar una tregua a la administración y a la mesa directiva, mientras luchan con las soluciones de largo plazo.
Uno de los requerimientos de esta medida es que se forme un comité que vigile la manera en que el impuesto se gastará, lo cual creemos es siempre algo bueno, para ellos y para todos.

 

 

 

 

 

 

Cartas al Editor

¿Son el azul y el rojo más importantes que la vida?

Editor: Recibí una carta en mi buzón, la semana pasada del Distrito Escolar Unificado del Valle de Sonoma. Esta vuelve a contar los acontecimientos de los disparos ocurridos en el Parque Maxwell el pasado lunes 22 de octubre. Nos asegura que la víctima y los sospechosos no eran estudiantes del Distrito Escolar Unificado de Sonoma. Su intención era tranquilizarnos, como padres, que ellos, "no son unos de los nuestros." Mi primer preocupación es que si la víctima y los dos sospechosos tienen 17 años, y son residentes del Valle de Sonoma; ¿Porqué no estaban matriculados en el Distrito Escolar Unificado del Valle de Sonoma?
Esta tragedia ha afectado profundamente a mi familia. Yo vivo en los límites de la ciudad, al cruzar la calle del Parque Maxwell. Pasamos la noche del lunes desde las 7 p.m. a las 11 p.m. con helicópteros circulando, las lámparas de búsqueda brillando en nuestro jardín, y un sentimiento general de temor por nosotros mismos, nuestros niños y nuestros invitados. Por la mañana, ya sabíamos sobre la tragedia que había ocurrido detrás del Boys and Girls Club en el Parque Maxwell. Mis dos hijos mayores van al club todos los días después de clases. Ellos participan en el programa de deportes, Smart Boys, Junior High Club y en el Sports Club. El Club de Deportes (Sports Club) se lleva a cabo de 6 a 8 p.m. cada martes. Alrededor de las 5 p.m. del martes 23 de octubre, el día siguiente de los disparos, manejé por el club y noté a más de 50 jóvenes reunidos en las mesas frente al club. Había patrullas de Sheriff cercanas, pero no estaba lo suficientemente cerca para ver si había oficiales donde estaban los jóvenes reunidos. Esto me dio motivos para preocuparme por la seguridad de mis niños.
Llamé a la estación de alguaciles en Grove, para preguntar si sabían sobre la reunión de jóvenes, y si mis hijos estaban seguros permaneciendo en el club hasta las 8 p.m., o bien, hasta después de que oscurece. Ellos me transfirieron con quien envía a las patrullas, diciendo que tal vez quisieran mandar a un oficial para investigar más a fondo. Cuando pregunté si mis hijos estaban seguros en el club, la mujer en el lugar de envíos dijo que era una decisión que sólo yo podía tomar. No había ni un rastro de compasión; de hecho, su tono de voz eran un tanto indiferente. Ella dijo que la venganza era cuestión de "cuando," no de "si." Le pregunté sobre la congregación. Si fuera una escena de crimen activa, ¿porqué no era patrullada por las autoridades? Tomé la decisión de recoger a mis hijos del club, y cuando llegué ahí tres minutos después, de hecho había alguaciles presentes.
Me siento cambiada para siempre por esta violencia de pandillas. ¿Qué tal si decido vestir a mi hijo de 11 años con una blusa roja o azul? ¿Qué tal si está caminando del camión al Club de Niños y Niñas y recibe un disparo de venganza? ¿Qué tal si en la noche cuando lo recoja disparan cerca de nuestro carro? Como la mujer en la policía me dijo, no es cuestión de "si," pero de "cuando." Nuestra comunidad es novata en la intensificación de violencia de pandillas con armas de fuego. Es desgarrador tener fuerzas de policía que no muestra compasión, que de hecho muestra irritación al ser molestados con la preocupación de la seguridad de los niños. Y con un distrito escolar que afirma nuestra seguridad con el conocimiento "tranquilizante" de que el joven fallecido y los atacantes "no son nuestros estudiantes."
Si viven en Sonoma, ¿De quién son estudiantes? ¿Porqué se les permitió no asistir a la escuela? ¿Qué estamos haciendo como comunidad para proveer alternativas a las pandillas? ¿Qué estamos haciendo para defender a nuestra comunidad contra la violencia de pandillas? ¿Cómo sentirnos seguros sabiendo que un joven de 17 años nunca llegará a ser hombre porque los colores azul y rojo fueron más importantes que la vida?
(Anónimo por seguridad)
Sonoma