Este poema es dedicado a una amiga quien cree en la fuerza y la vida que genera el sentimiento que mueve la creación entera: “el amor”. Para ti Mireya; y para la gente que como ella ama y espera un mundo mejor.
Un poema al amor
Del alfa al omega,
sobre el tiempo y espacio
sus alas despliega;
y te cubre despacio.
Con sutiles arrullos
te habla siempre al oído,
y está más cerca de ti,
cuando crees que se ha ido.
Vuela en el viento,
retoza en los mares
y busca de intento
aliviar tus pesares.
Crepita en el fuego,
florece en la tierra;
es la vista del ciego
es la paz en la guerra.
Es la savia del universo
la inspiración del poeta,
articulada en el verso
que enamora o espeta.
Un canto de cuna;
de bendiciones derroche...
destello de luna
serenata en la noche.
“Un te amo en los labios”...
un amante en los ojos
la prudencia de sabios
el pie de los cojos.
Del impío es la afrenta
de los santos escudo;
es la voz que revienta...
en la boca del mudo.
La misión del Mesías
conversión de Magdalena,
lágrimas de Marías.
que fecundan la arena.
Los diez mandamientos
resumidos en dos:
“amar a los otros...
como nos ama Dios”.
El más grande misterio
al alcance de todos;
cual noble cordero,
entre miles de lobos.
Oasis del sediento,
túnica para el desnudo;
ambrosía para el hambriento
refugio del vagabundo.
El amor, tú lo conoces,
día a día, camina a tu lado.
Se hace visible en tus goces
y no está más crucificado.
¡Está vivo y late a tu ritmo!
¡Está presente ahora contigo!
¡En la superficie y el abismo!...
¡Y en la compañía de tu amigo!
Resumen del programa de “Nuestras vocecitas” transmitido los sábados y domingos a las 8:00 a.m. por KSVY 91.3 F.M.
La Brujita Buena.
Theira Añez.
Este es un tierno cuentito a cerca de una brujita buena llamada Carmencita. Ella tiene tres malvadas hermanas a quienes les gusta hacer bromas pesadas, a todo mundo; hasta que un buen día, Carmencita, esconde las varitas mágicas y los gorros de sus hermanas en un lugar secreto, estaban muy preocupadas pero, esto ayudó para que reflexionaran en el mal que estuvieron haciendo. Siempre hay un momento en la vida en el que puedes hacer un recuento de tus acciones y corregirlas o mejorarlas según sea el caso.
Marilú y el caracol.
Moira Taddey.
Este es un cuento a cerca de una niña a la que no le gustaban las mascotas y prefería vivir sola y caminar sin tener que guiar a un perro fisgón o a un gato hecho un pelambre. Recibía muchas críticas de sus vecinos, pues, la veían siempre sola. Uno de ellos decía ¿cómo será esa niña que ni las mascotas le aguantan un poquito? Ella contestaba con evasivas. Un buen día un perezoso caracolillo apareció en su habitación y fue de la simpatía de Marilú. Moraleja: “Cada quien en lo suyo. Ocúpate de tus propios negocios y no dañes a terceros.”
¿Y los salvadoreños existen?
Me consta que exste un territorio ubicado aproximadamente a 89 grados longitud Oeste y trece grados latitud Norte. En lo que también llaman Centroamérica. De los salvadoreños he oído hablar mucho. Particular resulta el hecho de que no hay indígenas oficialmente y los pocos que se autoproclaman tales, lo hacen con fines
poco claros. Más sorprendente es todavía encontrarse con muchos de los habitantes del territorio con razgos indígenas o mestizos. Hay quienes dicen que renegaron de su condición por temor al genocidio desatado después de 1932, y otros más niegan ese genocidio.
Recientemente un reporte del Centro Nacional de las Personas Naturales, arrojó estadísticas entre las que destacaban algunas características de edad, color de piel, apellidos y otras más. Pero en realidad no dejaba en claro quiénes eran los salvadoreños y salvadoreñas. (Perdón que hasta ahora introduje el vocablo distintivo del género femenino; de ahora en adelante me limitaré, por razones de espacio y no por desconocimiento del mismo, a usar el vocablo masculino)
Continuará en la próxima edición del Sol. Gracias.
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