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30 De Noviembre del 2006

Pagina Literaria

La filípica semanal

Filípica.
Sustantivo femenino que, por alusión a los críticos discursos que Demóstenes dirigía hacia Filipo II, rey de Macedonia allá por el s.IV a. de C., tiene por significado invectiva, censura acre.
Que el título de esta columna no los engañe. No se trata de ninguna manera, de criticar y menos de ridiculizar a nadie. Antes bien, el objetivo que se persigue es la preservación de esta lengua tan maravillosa que es el español.

La lejanía de fuentes de buen hablar (nuestros países de origen) y la constante influencia del lenguaje anfitrión originan que términos y figuras lingüísticas aceptados sean reemplazados por otros, muchas veces inadecuados y hasta incorrectos.
Valga, sin embargo, una aclaración: el español es una lengua viva y como tal, sujeta a continua renovación. Es inevitable que nuevas palabras sean incorporadas a nuestro diario hablar y escribir. Nos corresponde a nosotros, los hispanoparlantes, asegurarnos que dichas palabras sean usadas conforme a las reglas gramaticales vigentes. Es gracias a la gramática que José de Colombia puede entenderse con Rosa de Tejas y ambos con Pedro de España.

Es mi intención contribuir desde esta palestra, con la ayuda de todos Uds., a tal objetivo. Pretendo, a manera de diálogo, introducir conceptos lingüísticos prácticos que nos permitan mejorar nuestro alcance expresivo.

Se trata este de un trabajo conjunto, una obra en marcha para el beneficio de la colectividad interesada en el español, ya sea como lengua materna o como segunda lengua. Anhelo, por lo tanto, recibir comentarios, críticas y preguntas de Uds. los lectores, a los que con mucho gusto daré respuesta oportuna. Por supuesto, sugerencias para hacer de este un foro útil de discusión y mejoramiento mutuo, serán también bienvenidas y bien consideradas.
Les agradezco de antemano la atención que dispensen a esta columna inaugural, y espero fervientemente verlos de nuevo.
Y por supuesto, agradezco al plantel de redacción de El Sol de Sonoma por dar cabida a esta sección en el prestigioso semanario.

El Filipicón
El Filipicón puede ser contactado por correo electrónico a: clamasba@netscape•com, o por correo regular a:
El Sol de Sonoma, c/o El Filipicón.

Espacio Literario

Gabriel Sánchez Navarro
El Sol de Sonoma

Este escrito es dedicado a: “Un intrépido y bello angelito” que despliega sus alas, cada mañana y se aventura en la conquista del mundo con sus miles de travesuras, por su madre insospechadas. Para tí, mi estimado sobrino. Para tí mi estimado Aléxis. Por ende,
a toda la inocencia del mundo incrustada en los niños, que hacen el balance justo ante tanta malicia y tanta violencia. A esas gotitas de pureza, este escrito, con amor, es dedicado.

Raíces
Nuestra existencia es un árbol, cuyas raíces, son los recuerdos que nos conducen a la fuente de la vida; que no es más que un luminoso cosmos de momentos transcurridos en este plano material. Este árbol nació, como todos, de una semilla. Grande o pequeña pudo ser ella, pero de ahí brotó una promesa: Tú.
Secretamente y sin prisa, al calor de la tierra y al delicado y constante soplo de la brisa, germina la semilla, comienza una vida. La madre naturaleza, majestuoso santuario de la sabiduría, en el preciso instante en el que inicia el ciclo de la vital de la semilla, le encomienda a su aliado, el tiempo, el conteo cuidadoso de los días. Para inaugurar el nacimiento de tal, con luces magia y alegría. Así lo ha venido haciendo este soldado de la existencia, que pisa duro y sin clemencia, sobre la materia mortal de la creación; por eso y con justa razón reza un sabio proverbio: “ Dios perdona, pero el tiempo no.”

Todas las encomiendas fueron cumplidas. Todos los detalles minuciosamente revisados, para darle la bienvenida a un nuevo ser, que desde la eternidad, por el Supremo Creador, ya había sido pensado. Ya latía en la eternidad, ya era vida en la única y legítima vida, misma de su Autor Universal; cantando al unísono los goces de la existencia en el plano de la divina consciencia. En reino espiritual del amor. No pudo ser mejor. Así ha sido planeado y no le queda otra misión a la sabiduría, más que organizar el ciclo de la vida; y al tiempo, soldado de pesado e incorruptible hierro, marcar el inicio y el fin de los días, en este mundo mortal, para todas las semillas.
El viento, la tierra y el sol, anuncian con efusivas y sonoras voces el esperado nacimiento de un árbol, fruto de una modesta semilla. Los silvos del viento se esparcen, con gran estrépito, comunicando lo que ya ha sido comunicado: el nacimiento de un árbol.
La luz, por ser ésta más veloz que el viento, tuvo la exclusiva de ser la portavoz de esta milagrosa noticia. Te has de preguntar: ¿Porqué Gabriel, alude con el vocablo milagro, el nacimiento de un árbol? Si no te lo has preguntado, quiero suponer, que como yo, ves en este evento un milagro. Sí, un milagro. Eres una persona más que sigue creyendo que la vida en sus múltiples manifestaciones
continúa siendo un milagro; en todo lo que punse la vida, en todo éso que palpita, existe un entrañable milagro.
CONTINUARÁ...

Poema de la Semana

Materia Suministrado

“He sido ignorado por mucho tiempo. Soy indígena y en México pesa mucho la cruz de ser indígena. La discriminación no obliga a esconder nuestra identidad: usamos otro tipo de ropa, algunas mujeres se enchinan o se pintan el cabello, hablamos con otro acento... la mayoría de las personas nos ve con burla; existen quienes se aprovechan de nuestra bondad; la admiración que nos provocan las ciudades la ven como si fuéramos tontos.
Hoy sé que no puedo caminar por algo que no es mío y estoy orgulloso de ser indígena, de ser totonaco. Me siento a gusto con mi vestido y con mi idioma, porque encierran invaluables tradiciones. Secretos que nuestros abuelos nos transmitieron por medio de la oralidad, y que tengo la oportunidad de difundir gracias a la escritura.”
Juan Tiburcio

Discriminación

En el autobús, viajo con la discriminación
a mi lado, miro muchas caras simples
que traducen: ¡Hazte a un lado, indio!
Aléjate de mí. Que no eres de mi clase.
Como si no fueran coterráneos, me niegan,
como si fueran a vivir en otras tierras.
Me gritan palabras sin sentido humano
y todos se ríen de mí...¡Burlándose!

Cada momento que pasa, estoy intimidado.
Mi calzón de manta, mi camisa, mi sombrero
y mi morral también son mal mirados
Me defenderían, ¡Ay!, si pudieran hablar.

Se pierde mi totonaco entre el castellano
y mis voz baja su tono, para no ser escuchado.
Ellos gritan como chicharras que se ensordecen
y sigo pensando...¿Porqué nací? ¿Para perderme?

No...Yo no debo perderme. ¡Mi idioma florecerá!
mi nombre brillará en una mañana
bajo la gloria de una aurora totonaca
y la cultura florecerá...¡Eternamente!