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30 De Noviembre del 2006

bajo la lupa

Una experiencia inolvidable en Bodega Bay
Estudiantes y padres de familia de la escuela primaria Flowery comparten un día lleno de alegría, solidaridad y sobre todo repleto de diversión

Creo que este fue el mejor paseo en todos mis años como docente. Tuvimos muchas experiencias grandiosas y conmovedoras. Comenzamos en el “Bodega Marin Lab,” el cual es parte de UC Davis. Los niños aprendieron sobre los distintos mamíferos marinos y sobre animales marinos en general. Ahí aprovecharon para tocar muchos animales que se encontraban en sus piscinas de marea incluyendo: estrellas de mar, anémonas, almejas, incluso vieron un tiburón leopardo nadando. ¡Qué emocionante!

Después, fuimos a la escuela pública local llamada Bodega Bay School. Es una escuela de kinder a quinto con un total de 45 estudiantes. La clase de kindergarten, primer grado y segundo grado estaban al parejo con mis estudiantes. La profesora de los estudiantes de Bodega Loretta Smith guiaron a mis estudiantes alrededor mano a mano y hablaron sobre su escuela. Luego todos jugaron juntos en el patio sin pasar por alto la bahía. A muchos de los padres les dio escalofrío el ver lo bien que los estudiantes interactuaron.

También fue muy grandioso para ellos entender que otros niños tienen distintas experiencias educacionales. Nosotros vamos a escribirles y agradecerles por su cordialidad y vamos a invitarlos a visitar nuestra escuela.
Después de la conmovedora experiencia en la escuela de Bodega Bay, nos dirigimos al Parque Doran. Los estudiantes buscaron animales, plantas y personas. Ellos encontraron asombrosos tesoros incluyendo conchas de mar, un pájaro y un león marino, un cangrejo, estrellas de mar, quelpos, anguilas, anémonas, y otras cosas emocionantes. Para varios de mis estudiantes, era su primera vez en la playa. Estaban asombrados. Para mí fue divertido observar la curiosidad de los pequeños al igual que la de sus padres mientras tocaban las anémonas y observaban y sentían sus reacciones. Qué divertido fue para mi el ver a los padres reaccionar a la sensación de las criaturas de mar que encontramos (a propósito, 13 adultos nos acompañaron en el viaje).

Después repartimos los papalotes que los niños habían hecho y decorado en clase. Todos los adultos estaban admirados al ver como volaban. Yo esperaba 5 minutos de vuelo o algo así, pero los papalotes de los estudiantes habían estado en el aire durante una hora cuando finalmente tuve que decirles que me los regresaran porque era hora de ir a cenar. El vuelo de papalotes fue un momento mágico para los padres al igual que para los pequeños.

De ahí, proseguimos al restaurante Sandpiper Seafood. Este es un pequeño y dulce lugar con una capacidad aproximada de 50 personas que se localiza bajo la colina en donde los barcos de pesca salen. Teníamos 23 estudiantes y 13 adultos. Las amables personas en el Sandpiper separaron la mayor parte de su restaurante para nuestro grupo. Las mesas eran estilo familiar. Había tres mesas, dos para estudiantes y una para los padres. El lugar de cada niño contaba con una bolsa de regalos con juguetes y dulces donados por la tienda de regalos “The Second Wind.” A cada adulto se le dio una taza con dulces dentro. Los estudiantes disfrutaron de excelente sopa de almeja, pollo, papas a la francesa y sandwiches de que queso al igual que de deliciosos ‘brownies’ con helado, crema batida y crema de chocolate como un regalo de la grandiosa gente en el Sandpiper. Los adultos disfrutaron de pescado y chips al igual que de sopa de almejas y postre a un precio muy bajo. Los estudiantes y adultos se sintieron muy consentidos. Después de la merienda pedimos a la gerente general Nancy DeLorenzo que saliera y apreciara a canción que memorizamos para ella. Al final ella rompió en llanto acompañada por el papá de Dominic, Tony. Todo fue muy conmovedor. Nancy dijo que le gustaría hacer de este un evento anual si me interesaba. ¡POR SU PUESTO!!!!! Que experiencia tan especial fue para todos los que la vivieron.

Terminamos el día caminando a lo largo de Bodega Bay cantando canciones y observando el atardecer. Fue un viaje que recordaré por mucho tiempo, no sólo por el área tan bella que exploramos y por la grata compañía de mis estudiantes, de sus padres y de voluntarios de la comunidad, pero también por la amabilidad y generosidad de la gente de Bodega Bay. Me recordó que todos somos parte de la misma comunidad y de la misma familia. Todos somos miembros de la raza humana. Que poderoso es cuando mostramos nuestro lado bondadoso a personas que conocemos a lo largo de nuestro camino. Ser capaces de dar a otros y de gratamente recibir los regalos de otros nos permite conectarnos de una manera profunda. Estoy muy agradecida de haber podido compartir este día con tanta gente especial incluyendo mi maestra estudiante, Maestra Lydia y asistente bilingüe de Flowery, Natalia.