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09 De Noviembre del 2006

bajo la lupa

El Día de los Muertos
El Museo del Arte del Valle de Sonoma fue decorado con el tema de: “Mariposas - Mensajeras de los Dioses”

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Judith Paredes
El Sol de Sonoma
Fotos: Ryan lely

Los residentes del valle de Sonoma tuvimos la oportunidad de apreciar, por séptima ocasión, la exposición anual del Día de los Muertos del 1 al 5 de noviembre, en nuestro museo local. Esta celebración mexicana, que tiene como objetivo la renovación de la fertilidad, sigue la tradición de preparar los famosos “Altares de Muerto,” que se han convertido ya en una tradición aquí en los Estados Unidos, en dichos altares la gente coloca: flores, antojitos y ofrendas a sus fieles difuntos, tales como fotografías, pan de muerto, agua, dulces y comidas que solían ser apreciadas por sus ya parientes ya fallecidos. Se dice que en este periodo de tiempo las almas visitan a sus familiares, puesto que esta es una celebración no para llorar la muerte, sino para celebrar la continuación de la vida, después de la muerte. Es un día para recordar a nuestros antepasados y para celebrar a la familia.

La semana pasada cuando mis compañeros y yo tuvimos la oportunidad de visitar el museo, pudimos apreciar los distintos altares que allí se encontraban, la mayoría de los altares contaban con fotos y cosas al gusto de las personas en tales fotos. Además los altares tenían pan de muertos; pequeñas calaveras de azúcar, que representan el lugar de la inteligencia; también tenían flores de zempoalxuchitl, que representan la energía cósmica; agua, para saciar la sed de los muertos después de su viaje; comidas, que se dice unen a los difuntos y a la familia en pena en un acto íntimo y familiar. Estas son algunas de las cosas que pudimos apreciar en el museo, además de muchos dibujos y obras de arte, relacionadas con el tema de las mariposas y la muerte, todos realizados por personas de la comunidad y por los estudiantes de las distintas escuelas alrededor del Valle. Durante mi recorrido a través de los altares, hubo uno en especial que atrajo mi atención, por tener una foto de un pequeño bebé cuyo nombre es Angel Gabriel Pulido, y al leer la historia del altar me di cuenta que este bebé nació con una rara y fatal condición por la cuál los doctores le diagnosticaron tan sólo dos meses de vida, pero el pequeño vivió diez. “Angel nos enseñó a apreciar lo que tenemos,” menciona Irma Pulido, tía del pequeño, en el escrito que estaba junto al altar. Cerca de la entrada del museo también había un ‘Altar Comunitario,’ en el cual todos los visitantes podían escribir frases y pensamientos a sus difuntos, algunas de las frases que observé fueron: “Para mi prima que nunca conocí,” “Recuerdo a mis abuelos,” incluso había frases para mascotas que ya murieron. En los altares también había calaveras escritas como la siguiente, que fue escrita por un estudiante de primaria:

Calavera, vete al río
No señora, hace frío
Calavera, vete al rancho
No señora porque me espanto
Pues, ¿a dónde quieres ir?
Yo señora al campo santo.
En adición a la exposición, el sábado 4 de noviembre se ofreció una recepción para toda la comunidad. La recepción fue gratuita y se ofreció comida y cosas tradicionales de este día, como el pan de muertos y atole, además pudimos disfrutar de la música del mariachi Santa Rosa, quiénes fueron de altar en altar dedicando melodías a cada uno de los difuntos. Cuando terminaron de llevar serenata a cada altar se colocaron al frente del museo para que la gente los apreciara de frente y complaciendo a los presentes con sus canciones favoritas se despidieron. Aparte de la comida, la música y la hermosa exhibición, el museo ofreció un lugar en el que los pequeños tuvieron oportunidad de crear máscaras, mariposas y calaveras para llevarlas a casa. El lugar estaba a punto de reventar de tanta gente que se presentó al evento. Si usted no pudo asistir a la exposición, espero que con este breve resumen se de una idea de lo que sucedió. Y ya para despedirme los dejo con un pequeño fragmento del famoso señor Octavio Paz:

La palabra “Muerte” no se pronuncia en Nueva York, en París, en Londres, porque quema los labios. El Mexicano en contraste, tiene una familiaridad con la muerte, se burla de ella, la acaricia; es uno de sus favoritos juguetes, y su amor más constante.