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bajo la lupa
La Virgen de St. Francis Solano
Juventud y Esperanza presentó la historia
original de “Las apariciones de la Virgen de Guadalupe”
Víctor Mejía
El Sol de Sonoma
Fotos: Ryan Lely
Ya es tradición cada año en Sonoma la puesta en escena de “Las apariciones de la Virgen de Guadalupe” la cual es interpretada por parte del grupo juvenil “Juventud y Esperanza”, de la iglesia católica St. Francis Solano.
A diferencia de otras ocasiones, el pasado lunes 11 de diciembre, los jóvenes representaron la historia original del milagro ocurrido hace 475 años, en el cerro del Tepeyac. En tres ocasiones, los chicos de Juventud y Esperanza habían llevado al publico la obra con algunas adaptaciones. Este año, decidieron ofrecer a la comunidad la historia original.
Con la iglesia St. Francis Solano repleta de creyentes, los actores nos llevaron mediante su actuación y escenografía a la época cuando ocurrió la aparición de la hoy conocida “Patrona de México” y “Emperatriz de las Américas,” La virgen de Guadalupe. El elenco estuvo compuesto de Allison Pulido (La Virgen), Beto Amezquita (Juan Diego), Miguel Angel (Obispo), Ana Páez (“Chencha” prima de Juan Diego), Jesús Páez (Panchito ayudante de padre José), Fernando Pamatz (Tio Bernardino), Joel Pamatz (Padre José). Todos ellos sin excepción, hicieron un gran trabajo.
A continuación les dejo un resumen del escrito del indio Nican Mophua del XVI el cual relata la historia original de la Virgen de Guadalupe y describe de manera detallada lo acontecido en la obra del pasado lunes en St. Francis Solano.
La Historia
Corría los primeros días de diciembre del año 1531 cuando el indio Juan Diego caminaba por el cerro. Primero escuchó una serie de cantos de aves, que parecían un coro de niños, después vio un resplandor y se le apareció ante él una mujer morena muy bonita. La mujer le pidió que fuera a ver al Obispo, en ese entonces Fray Juan de Zumárraga, y le expresara su deseo de que se construyera un Templo en su nombre en el cerro del Tepeyac. Pero el Obispo no le creyó. Sin embargo, para asegurarse de que no se estaba equivocando, le pidió a Juan Diego que regresara al día siguiente. Al día siguiente regresó y el Obispo, después de hacerle varias preguntas, le pidió que le lleve alguna señal, una prueba de que la aparición era cierta.
Juan Diego volvió a encontrarse con la mujer y le comentó lo que el Obispo le había pedido. La Virgen le dijo a Juan Diego que regresara al día siguiente, pero el indio no pudo porque se había quedado todo el día junto a su tío Juan Bernardino que se encontraba a punto de morir. Juan Diego salió a buscar a un sacerdote para que preparara a su tío para la muerte, pero en el camino se le apareció nuevamente la Virgen. En pocas palabras, la mujer le dijo que no tenga miedo y que fuera a la punta del cerro a cortar unas flores; un consejo bastante extraño teniendo en cuenta que esa época del año no había flores en ningún sitio. Juan Diego las encontró, las cortó y las guardó en su manto; bajó y la Virgen las tomó en sus manos y le pidió que se las llevara al Obispo en señal de su petición.
Juan Diego llevó las flores al Obispo, y le contó todo lo que había oído y visto. Ya tenía la prueba y estaba seguro de que le iban a creer, pero grande fue la sorpresa cuando al desplegar el manto se dio cuenta que las flores no estaban, en su lugar el rostro de la Virgen yacía impreso en la tela.
Sin más dudas, el Obispo mandó construir un templo en el nombre de la llamada Virgen de Guadalupe, en esa época también conocida como Tonantzin o madre de todos los Dioses. Al llegar a su casa, Juan Diego pudo presenciar el primer milagro de la Virgen morena: su tío Juan Bernardino se había curado.
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